Feminidad

Feminidad

La mujer se presenta en mis sueños, no como algo individual, sino como algo colectivo. Esa mujer se pasea en mi cabeza con su desnudez latente en mi memoria: cabello rojizo, amarillo, negro y castaño, con un cuerpo delgado y grueso a la vez, alto y pequeño; oxímoros que se acercan y se alejan en mi cabeza mientras sus labios gruesos/delgados reposan en mi pene.

La mujer universal me dice que no tarda mucho, solo está esperando que yo la describa y pueda salir de la pintura, tal como Pigmalión y Galatea. Sus fauces/coño me hace caer en un sopor profundo del cual quiero despertar pero no lo logro completamente. Mis manos se duermen al sentir sus caricias, mis piernas reaccionan con violencia al encontrarla húmeda entre mis memorias y vuelvo a sonrojarme cada vez que hablamos de diferentes símbolos.

La mujer universal tiene los doce signos zodiacales. Se pasea como una quimera en mi corazón, mientras yo busco la manera de desalojarla de mi mente. Soy vacío, y ella me llena con su saliva. Soy ausencia y ella me recuerda con mis defectos y méritos. Soy espejo y ella mi feminidad.

Yo, como hombre universal condenado a un cuerpo, me aferro a su recuerdo y a la vez lo voy dejando, poco a poco, hasta que algún día nos encontremos en papel. Mientras llega ese momento, voy retratando cada amante y escribiendo con mi saliva sus memorias, su bella agonía, sus inviernos dónde con cada paso me marchitan.