Idea 77: Admirable

Admirable

De mis nombres soy esclavo y soy destierro. Muchos que me han bautizado también han acudido a mi lecho de muerte. La paz que he recibido en el camino, se ha desvanecido por algún bache... y sin embargo, heme aquí con mi cuerpo inerte, aguantar las acometidas y sacrificar lo importante para mí.

De mis momentos de ira he encontrado la calma después de la guerra. De mis heridas por mis amantes, he reconocido el sabor de mi sangre vertida en la piel ajena. De lo sacrosanto he hecho una burla santa y del feminismo he realizado un complejo sistemas de castas. Aventurado a la verdad, he sobrevivido a la plusvalía del deseo, y ahora que he encontrado que no hay nada en qué apostar, he liberado una de las pocas cadenas que me atan a este plano astral. A veces las ganas de cerrar este blog de mierda me incomodan como las tres heridas que tengo en el hombro, y el siseo se me hace irregular ante toda sociedad. El menguante rostro que dejo salir de mí se cierne sobre el acto psicomagico, y la luna poco a poco se esconde de mi sonrisa falsa.

De mis nombres conservo lo atómico y lo sangriento, conservo lo crudo y lo mezquino, lo liberal y lo in-tácito. De mis apellidos conservo la vulgaridad de lo acontecido en mi arqueología, y lo insólito que es la ejecución de mis fonemas se ha vuelto asquerosamente gustosa para mi paladar, pero no para mi conciencia.

Pertenezco a un pasado lleno de adoraciones a dioses y misterios, la rueda de la fortuna se paseó por enfrente de nuestros muñecos de vudú arrasando el cielo almidonado en el cual vivían y el ocaso se tiñó de formal ironía. El padre Zorro me acepto y me acobijó y la luna no volvió a salir después de ese entonces sobre mis noches.

Del amor fatídico me quedo el pene lacerado y la mente torcida, la carne a flor de piel se curó a punta de vinagre y mantequilla. Asado bajo el pensamiento oriental pude rescatar algo de mi (sobre)conciencia y la mortandad de mis deseos se hizo contagiosa contra mis deberes. De todo lo escrito fui victimario y víctima, estudiando la situación a cada paso dado sin salida. El fuego de vida se hizo destructivo y laceré a mis hermanas que ahorita el fastidio se las come vivas. La mayoría colapso no con la partida, sino con el encuentro con mi personalidad maldita.

Sonsoneos constantes en esta mierda podrida, marrullos de gato que se pueden confundir con voz de melancolía, pero no se dejen llevar queridos lectores (si alguien es tan osado/desocupado/predegenerado/coprofílico para leer esto), esto es solo una patraña de un cuento más versado y muy rebuscado. La capacidad de describir algo de vida no quiere decir que la hayas sabido vivir, pero tampoco que fuiste el maestro de estupideces en el acto poético. Simplemente vuelvo a rumiar un poco y encuentro que nunca dejé de ser monstruo y como tal permanece hasta que alcance la mutabilidad completa del ser.