De el hastiante inconsciente


He vuelto lo más sagrado un acto de burla, he cambiado oraciones por piropos y desollado santos con mi gran camándula. He mortificado a los justos con mantras y he sacrificado mi semen al dios de la locura. He hecho crecer la planta vital desde mi víscera y he maltratado con milagros. La palabra Matrimonio se la di a la primera desconocida, y la palabra sacrosanto la recite mientras entraba en el sexo de mi primer amante. He construido un altar de flores para Kali y he inmolado mi nombre conservando solamente mis seudónimos. No dejo que la rutina no me toque pero si dejo que la muerte me folle. Los golpes salen de mis dedos; irónicamente, mi corazón no produce latidos.

Los demás vienen a mí y me siento puta devorando penes y coños. Lo puro ya no existe, lo puro dejo de importarme pues ya no soy eterno. Ahora reina el silencio con su caos sigiloso que devora todas las estaciones. Escojo estar alejado del espíritu y acercarme solo a la carne de mis víctimas. Ahora solo hay marcas nuevas en el cuerpo, piercings nuevos y algo de dinero. Soy tan efímero que no vale la pena preocuparse por este texto autodestructivo.

Sin infiernos ni cielos, sin buda ni karma, sin dios y sin el diablo. Solo yo.