De tener movimiento y sabrosura


Todo es movimiento. Desde la caída de la hoja del árbol hasta el silencio que se extiende mientras dos personas rompen sus intestinos con sus ojos. Todo, todo absolutamente es movimiento... y todos nos plagamos de ideas para no movernos. Creemos en un Dios que nos detiene, o en un destino que no aparece. Creemos en la madre esperanza como si ella definiera nuestras ilusiones, o en la vida como si ella nos proveyera de solo momentos de alegría. Pero el puñal nos rompe las costillas y aprendemos a vivir fracturados, a sentir al prójimo entre nuestras costillas, a no negarnos un "te extraño" así no lo reciban, a despedazar el viento con nuestros gritos de guerra, porque las costillas nos aclaman y nos susurran al oído: "somos eternos, somos eternos".