De la ingratitud


La ingratitud me reta, me supera y me llena. Dicen que el hombre es solo una frontera desierta a la luz de la vela, sombrío navío que vaga sin daga en la espiral de la no-paz. Me recuerdan como indumentario de mi propio sinnombre y calzado con las ávidas pavadas que le otorgan la letra a quienes la escriben con sangre. Ingrato, ingrato he sido y planeo seguirlo siendo, pues el viento no tiene ordenanza y el agua no encuentra placer al quedarse quieta.

Soy ingrato entre los demás por no saludar una hipocresía o por dejar pasar lo que sucede a mi alrededor, pero supongo que ellos son más ingratos por no imaginar los mundos realmente habitables, y dejar permanecer las mariposas muertas dentro de sus tripas. Soy ingrato entre los poetas por escupir a la poesía e ingrato entre los cuentistas por no querer encontrar el final perfecto. Con mis amigos soy más ingrato porque no soy capaz de permanecer en un sitio mucho tiempo y en mis decisiones no busco agradecer. Pero más ingrato de camino, el tiempo es el consuelo del perezoso y el anhelo del que nunca enfrenta.