Cruce de camino (VI)

Cruce de camino (VI)


He descubierto que el diablo no solo me visita a mí, sino que nos visita a todos, en las noches, mientras dormimos; nos susurra y nos advierte lo bien que debemos portarnos como buenos hijos de él. Nos ayuda a cumplir nuestros deseos aunque lo invoquemos con rosarios y rezos. Nos entrega la felicidad que engendra el odio y el descanso del trasbocar.

Cuando estoy muy mal, lo he descubierto muy cerquita de mi vida, se encarna en piel femenina y me hace vivir nuevamente, quitarme los ojos de muerto que generalmente llevo y reflejar alegría en mis pupilas. Y justo cuando estoy muy arriba, muy colocado y drogado de la vida, se va para que lo extrañe hasta que vuelva a aparecer en otro cuerpo, con otro pecado, con otro vicio...