Tratado del Ego Inconsciente (Parte III)


En estos momentos de mi vida, he aprendido que es mejor llevar un proceso que un duelo.

Un duelo no te hace ver las cosas sino simplemente suprime el dolor que hay en ti para poder empezar con otra persona. Generalmente el duelo se tiene en dos partes: la primera es la aceptación del cambio y matar el sentimiento por lo amado, allí es importante llenarse de todas las cosas que esa persona realizó mal y acostumbrarse al cambio; la segunda parte consiste en tener otra relación y seguir apostando a lo que se tiene actualmente en vez del pasado, también se debe entender que todos somos muy diferentes y sobrellevar las cosas para relajarse.

Normalmente en este duelo solo aprendes a desposeerte de otra persona buscando acabar el sentimiento que alguna vez fue generado y dejar ir lo que se tuvo en algún momento.

El proceso es diferente. Es un momento donde se hace un cambio en el cual uno es consciente de su propio dolor. Deja de buscar estar bien y simplemente aprende a no controlar y no controlarse uno mismo. En este proceso normalmente se deja ir a la persona, pero se tiene conciencia de que nadie es indispensable y de que el dolor es necesario para poder ver más allá. El riesgo no está en verse uno mismo al espejo, sino el riesgo está en sentir miedo a la soledad. Me he preguntado en muchas ocasiones el porqué mis relaciones son tan caóticas y porqué daño a las personas que hacen o hicieron parte de mi vida y he encontrado que realmente es porque deseo siempre hacer las cosas a mi manera. Esto no es malo, o no es bueno... simplemente es algo que no es aplicable en estos momentos. ¿Cuánto daño tengo que hacer y hacerme para hacer sanar a una persona? ... el necesario. Pero en este momento de vida no se trata de curar, pues la enfermedad ya es algo intrínseco en mí, sino se trata de no sobrellevar estos impulsos y esta agonía tan inhóspita dentro de inconsciente.

¿Si he de comunicarme conmigo, porqué he de negarme lo que soy? No tengo razones para estar bien salvo lo que soy yo, pero si soy yo, ¿para qué buscar estar bien?. Soy John y no necesito ser otro, eso lo he aprendido. Y como soy yo y no necesito ser otro, debo controlar lo que yo soy, pero este control se realiza no forzando el control, sino sobrellevando lo que soy para irlo cambiando poco a poco. He dejado de creer en patrañas y mentiras de la felicidad, pues esta no existe realmente sino solo como una superposición a la realidad. Me permito sentir y no controlar ese sentimiento, me permito sentir sin pensar que voy a dañar a alguien, pues... ya no tengo a quien dañar, ni curar, ni amar.

Supongo que en algún momento cambiare este pensamiento... por fortuna nuestra no somos quietos. Pero mientras tanto, me abandono a mí mismo y a mi sentimiento.