Resurreccion

Resurrección

¿Cómo no estar muerto si todo lo que me rodea es muerte?

Al levantarme, siento el vacío atragantar a mi adolorida garganta, recobro la cordura que en mis sueños abandono. Cuando llego a trabajar, caigo en cuenta de que mi mente se envuelve constantemente entre espantos y mi cuerpo se mueve por la rigurosidad impuesta, los entes que me rodean son tan solo sombras esquemáticas que se tiñen de preocupaciones desde el inicio del sol hasta que su ocaso. A la hora del almuerzo, cuando salgo a respirar a un parque, me encuentro frente a un columpio grisáceo que me muestra como las cabezas de los demás suben y bajan constantemente en mi existencia. En la tarde el sueño invade mi conciencia y lamento no poder recostarme con mis notas.


Pero cuando anochece, la resurrección empieza y la vivo a través de las sensaciones, tonalidades y demás artilugios que voy grabando en mi alma. Los sortilegios avanzan en forma de compases. La noche se hace caóticamente deliciosa hasta sentir las armonías, el alba y el resplandor de desesperanza. 

La noche me tuesta y la ilusión se hace realidad, vale la pena todo. Tengo una o dos conversaciones con algún que otro ser mágico y vuelvo el sueño para liquidar la sensación de vacío que por la mañana me acobijaba. Espero que el rojo me cubra, mientras pienso lo delicioso que es sentir la vida y su naufragio entre recuerdos que se van diluyendo.