Sanar

Sanar

Es verdad, nadie te ayudó cuando estuviste mal, ni siquiera la vez que le mencionaste a la familia que tu tío se aprovechaba. Nadie fue capaz de dar la cara por ti, o de cogerte en sus brazos y decirte un "lo siento"; o tal vez lo hicieron, pero realmente tú sabías que no lo sentían y que solo era un acto de protocolo. Créeme, entiendo que por eso seas esquiva con la vida y prefieras devorar al prójimo que entenderlo. Tú carisma es solo un escudo, entregas una falsa compasión como si ya supieras que están muertos. Mamá te enseñó a odiar a todos porque a ella también le hicieron cosas horribles, Papá es el único hombre al que amas, aunque en el fondo lo odias también por lo que le hizo a mamá. Eran otros tiempos pero sigues encerrada en el rencor como si cargaras con el peso de tus generaciones violadas y todos los golpes que recibieron tus mujeres ahora los quieres hacer pagar. Nadie te ayudó, nadie lo hará y prefieres buscar una excusa para sabotear la confianza que logras adquirir en alguien, antes de realmente lograr que otros te miren a los ojos y creerles. Y yo, no puedo pedirte que cures ese mal, o que me tengas cariño si ni siquiera soy un conocido, no puedo esperar que descanses con la puerta sin pasador, o que sonrías cuando un extraño te dice algo, porque parece que pertenezco a esa raza que está enferma... aunque te lo juro, mujer, que sigo tratando de sanar mis heridas y todos los días te pienso desde lejos, deseándote que la pases bonito y que logres entender que todos necesitamos ayuda alguna vez en la vida.