Libro del clan Lasombra (Apuntes)

--Hola --dijo--. Me llamo Tomasz, y estoy aquí para ayudaros.
Todos le miraron con una repentina y terrible esperanza en sus ojos. Le creían, comprendió Tomasz. Le creían porque no tenían más opción que creerle. No creerle era aceptar una verdad demasiado horrible para soportarla. No creerle era admitir que se habían convertido en monstruos como Phoebe.
O como él.


Hubo un momento de silencio en la línea.
--Y yo que suponía que todos los Lasombra apreciaban las gracias sociales...
--La cortesía, sí. Un cierto sentido de lo adecuado, también... incluso aunque uno ya no sea bienvenido entre los cariñosos brazos de su clan. Pero la familiaridad no ganada es algo muy distinto. No suponga en una relación de negocios, y no pretenda que me conoce a mí o a los míos. Ahora, ¿quiere el informe de esta noche, o cuelgo el teléfono y me limito a disfrutar de este maravilloso coche que me han dado?


Borges escupió:
--¿Deberíamos estar discutiendo esto aquí? No es el momento ni el lugar para planear asuntos serios.
--Al contrario --la voz de Polonia era suave y sonaba un tanto divertida--. Son el momento y el lugar perfectos. Por una vez no hay Panders idiotas golpeando la mesa, ni ghouls tomando el aperitivo en un rincón ni sacerdotes de manada que deban ser disciplinados sólo para que podamos ponernos todos de acuerdo incluso en que el fuego quema. Nosotros, y el señor Talley ahí detrás, somos los verdaderos poderes. Lo que decidimos es lo que ocurre. El resto no es sino un juego de sombras chinescas, un espectáculo de marionetas para que los demás nos sigan de buen grado. Pero por el momento --y una nota de sorpresa afloró en su voz.-- me siento un poco harto de interpretar de cara a la galería.


--El hombre con serpientes en el jardín tiene más de qué preocuparse que el hombre con huéspedes no invitados, Arzobispo Borges. Haría bien en recordarlo.


Polonia inclinó la cabeza.
--Está usted en lo cierto, Arzobispo. E incluso aunque fallemos en eso, tendremos éxito: habremos sacudido la fe de la Camarilla en lo que "saben" de nosotros. Arruinaremos su certeza de estar a salvo, haremos que se preocupen. Y un enemigo preocupado, como ambos saben es un enemigo derrotado.


Polonia sonrió ligeramente.
--Permítame explicarle algo, Sir Talley. Borges es un hombre impetuoso. Es un hombre de fuerza y pasión, pero tiene poco control o sutileza. Se le puede provocar como a un toro en la plaza, despertar su ira y convertirle en un blanco. Como tal, es útil mientras dure la guerra, y yo no desecho herramientas cuando aún tienen utilidad. Esta lucha no ha terminado todavía, y a pesar de todos sus defectos, el Arzobispo Borges sería muy difícil de reemplazar. Además, sospecho que el temperamento de Borges le matará mucho antes de que yo considere necesario llevar su nombre ante Les Amies Noir para ser juzgado o ejecutado. Así que no quiero muerto a Borges; más bien, permítame decir que no le quiero muerto ahora más que hace dos siglos, y posiblemente ahora sea menos. Si yo le quisiera muerto --dijo en voz baja-- Borges habría desaparecido antes de que el cardenal le enviase a usted aquí. ¿Me comprende, Templario?