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Cruce de caminos (V)

Cruce de caminos (V)

El demonio habita en mi vientre y me hace eyacular ilusiones. Me dice que tengo que santificar cada boca y impermiabilizar cada útero. El demonio me susurra que tengo la potestad de ser eterno como Caín y cruel como Jehová, que tengo lengua de serpiente para proferir mentiras y hacer un buen sexo oral.

Sé que él me quiere hacer mejor persona, y me está enseñando a mover mis falanges para que se sincronicen con los gemidos de mis pequeñas amadas. Me dice que tenga ojos de puta cuando lama su vulva joven, y ojos de emperador cuando ellas me lo hagan. Me dice que escupa todo mi veneno en sus senos, en su vulva, en su ano, para poder penetrar con la dureza que tiene la maldad, y que en cada embestida piense en que se está muriendo un niño dentro del vientre de alguna madre para poderme excitar y seguir jugando durante mucho tiempo.

Al demonio nunca lo he visto frente a frente, en su forma infernal. A veces aparece vestido como un ángel de cuero con siete alas saliendo de su espalda, y dos penes largos y gruesos que me penetran y me hacen penetrar. Otra veces solo lo escucho susurrarme, y lo he sentido en mi tacto cuando entro con mis dedos en aquellas pequeñas vulvas y revuelvo toda la miseria que habita en sus universos, y les sonrío mientras veo al demonio sentado en la cabecera de mi cama, masturbándose de la misma manera en la que yo lo hago con aquellas mujeres...
len-ta-men-te...

Cruce de camino (VI)

Cruce de camino (VI)


He descubierto que el diablo no solo me visita a mí, sino que nos visita a todos, en las noches, mientras dormimos; nos susurra y nos advierte lo bien que debemos portarnos como buenos hijos de él. Nos ayuda a cumplir nuestros deseos aunque lo invoquemos con rosarios y rezos. Nos entrega la felicidad que engendra el odio y el descanso del trasbocar.

Cuando estoy muy mal, lo he descubierto muy cerquita de mi vida, se encarna en piel femenina y me hace vivir nuevamente, quitarme los ojos de muerto que generalmente llevo y reflejar alegría en mis pupilas. Y justo cuando estoy muy arriba, muy colocado y drogado de la vida, se va para que lo extrañe hasta que vuelva a aparecer en otro cuerpo, con otro pecado, con otro vicio...

Cruce de caminos (V)

Cruce de caminos (V)

Han sido unos días de mierda. Hoy hablé con el diablo mientras me contaba lo que hizo el fin de semana: nicotina, pactos, muertes prematuras, placer, cosas que no deben ser nombradas y cosas que si se nombran se volverían normales. Nos acercamos al computador y buscamos el perfil de unas cuantas personas, vimos lo muertas que están, con sus sonrisas podridas en felicidad, mientras escuchábamos algo de Electrónica.

Fui al cuarto a descansar. El diablo me mece en sus brazos mientras me canta pequeñas nanas de tranquilidad. Me susurra sus consejos que ayudan a depurar la ira que me habita, me acobija, me da un beso de buenas noches. Antes de salir del cuarto me dice que la mejor venganza del sabio no es el olvido sino el perdón, porque simplemente se aprende a destrozar a las personas perdonándolas antes de lo que se pueden perdonar a sí mismas.

Cruce de caminos (IV)

Cruce de caminos (IV)

Estoy acostado, escuchando la trompeta que anuncia la muerte de ella, de su vida, de la mía a su lado. En un e-mail escribo la ruptura y las explicaciones necesarias. 

Me acuesto a dormir, camino al cielo saltando por las estrellas hasta encontrar a Kullat Nunu, y contemplo muy dentro del cosmos. Veo a la sabiduría con su forma de algodón de azúcar, de caramelo, de parche de nicotina. 

Escucho una voz ronca cerca. Es el diablo que ha entrado al apartamento y se me ha acercado a la cama. Me mueve y me dice que tiene unas botellas para desocupar, saca los cuchillos de mi habitación y me hace bañar.

Mientras siento que el agua cae por mi cuerpo, me dice desde el cuarto que hoy es una noche para sacar a pasear a los perros y sonreír un rato. Abajo hay dos prostitutas, y un carro esperando. Mi amigo el diablo es bello, consciente de mis necesidades suicidas. Salgo y veo a una de esas mujeres, cuerpo pequeño, labios rojos, cabello rizado y un lunar en la mejilla, es hermosa, así sea solo viseras, sigue siendo hermosa, me sonríe…

Cruce de caminos (III)

Cruce de caminos (III)

La segunda noche, después de dejarla, fue una mierda. El diablo se acercó y me dijo que debería hacer algo, no dejarla ir.

Esta es la onceava noche. La luna alumbra, redonda en el cielo, y mis ojos no paran de sentir tristeza. En mi cabeza rondan sus ojos grises y su mirada fulgurante. El diablo hace tinto para los dos, creo que no quiere verme más borracho a pesar de todo, creo que me estima o le recuerdo en algún momento cuando le decían Dios. La ruleta rusa va y viene en mi pensamiento, tomo tinto. El diablo se acerca y me ofrece una mujer desnuda. Mi pene se para por un instante hasta que siento los parásitos en el estómago. Vuelvo a sentarme. Si sigues así, muchacho, nunca vas a olvidarla. No necesito olvidarla, tan solo necesito dejarla de recordar.

Cruce de Caminos (II)

Cruce de Caminos (II)

Un día el diablo se acercó y me dijo que Dios anda triste. Desde que crucificaron a su hijo anda triste. Dios es una hueva, yo hubiera cometido una masacre en Israel, le dije. Dios es solo un padre triste con un hijo muy enloquecido, el psiquiatra ha recomendado a Jesús tomar valeriana para poder calmar su mente, pero a él, le encanta ir a los prostíbulos e ignorar los consejos. Nos miramos con tristeza. Me acuerdo que soy un mal hijo, debo ir a casa.

Cruce de Caminos (I)

Cruce de Caminos (I)

El demonio es un hombre muy ocupado. Mientras se baña, escucha las oraciones de los creyentes para reírse un rato. Almuerza en un bufete de los baratos supuestamente para llenarse de amor entre la miseria del ser humano. Por la tarde, visita a los políticos y vende promesas.

Algunas noches viene a hablar conmigo, duras noches me dice mientras parte un pedazo de pollo que venía en una cajita feliz de una de sus franquicias. Destapamos varias botellas de tequila y bebemos hasta estar ebrios. Hablamos de putas, de amores, de serpientes, de mujeres, mariposas y otros monstruos creados por Dios para rompernos las bolas. Se va tambaleando a su casa, mientras en el baño queda el olor a azufre.