La idea de marido (Extractos del libro escrito por Laura Acero)

La idea de marido (Extractos del libro escrito por Laura Acero)


... Ahora bien, una cosa son los sabores que se realzan mutuamente y otra los acompañamientos, dirían los que saben, y yo no sé, pero quizás ahí radicaba el problema: yo quería que fuéramos vino y queso, pero éramos arroz y huevo. Quién no aprecia el arroz con huevo, pero yo quería un ensamble, quería un maridaje que fueran dos cosas que supieran intensamente por sí solas y se realzaran juntas, y resultaba que no, que una era fuerte y la otra solo acompañaba, claro, y sé que el problema eran mis proyecciones, mis aspiraciones de lo que quería que fuera una relación.


TUTOR (II)
Yo soy el del martillo
El martillo es la mejor forma de saber cómo funciona algo
Destrúyelo y vuélvelo a armar
Yo no quiero saber cómo funciona esto
Rómpeme


CARAMELIZAR: PONER CARAMELO EN ESTADO LÍQUIDO EN UN MOLDE O PREPARADO HASTA QUE SE CRISTALICE
En Mamá Lupe y los otros restaurantes tradicionales de la calle Once, en pleno centro de Bogotá, a pocos metros de la plaza de Bolívar, venden ajiaco, mondongo, changua, chocolate con pan, agua de panela con queso y almojábana, así como un montón de postres tradicionales, como el postre de natas —que cada vez es más difícil de encontrar—, marquesas de arequipe, brevas en almíbar, cuajada con melao, dulce de papayuela, leche asada, fresas con crema y cocadas de diversos colores y tamaños. Los postres, mi pasión y mi talón de Aquiles, gusto mareador, maridaje perfecto del café amargo, quién habrá inventado los postres, maravilla dulce, directo al corazón. Entre esos postres Mamá Lupe hay uno que, ayer en la tarde, tomando onces con mi auxiliar bibliotecaria, me produjo inquietud cuando leí su nombre en el menú: matrimonio. Y helos ahí, mis favoritos: arequipe y mora, el dulce y el ácido.
Arequipe, leche puesta a hervir durante horas con azúcar en una paila hasta tornar su color en café claro; cajeta, lo llaman en México, suavidad en lengua y paladar, la dulce crema. Cuando tenía como diez años, una tarde en que salimos a comer helado con la familia, mi hermana nos hizo morir de la risa cuando salió con que había árboles de arequipe, y yo pude imaginar con ella los árboles, sus semillas negras que, trituradas y mezcladas con leche y huevo podrían producir el mejor helado del mundo. Mi abuelo, un gran chef, decía que el secreto de un buen arequipe estaba en que la leche hirviera con una cebolla larga al fondo de la olla. Pero, amigas mías, júntenle además la gloria ácida de la mora y miren el color, el brillo, el contraste del arequipe con el rojo intensísimo de las moras, ojalá silvestres, puestas a cocinar durante horas en su almíbar glorioso. Eso es el matrimonio, el sagrado empalague, y yo no podía creerlo cuando leí que eso fuera un matrimonio en la carta del restaurante.
Cuando vivíamos en el páramo, los domingos eran el día de sancocho de gallina en la única tienda de la vereda, y de postre me encantaba pedir arequipe y salsa de mora, sí, pero con cuajada. Esa mezcla no es digerible así no más, se necesita un tercero neutro, también de leche, como el arequipe, pero libre de sal y azúcar, para evitar el hastío. Cuajadita maravillosa, el secreto de los buenos amasijos, es una dicha cuando se sirve con melao, pero ah, la verdadera ambrosía es con arequipe y mora. Le pregunté al mesero si de verdad el matrimonio no tenía nada más que salsa de mora y arequipe y si no le parecía que era muy pasado de dulce y que por qué no le metían cuajada o al menos queso o algo para bajarle ese voltaje. El mesero sonrió y me dijo que ese postre, el que yo describía, se llama divorcio.


... y el pasado es una trampa terrible que te hace caries en los dientes.


Recuerda que el mundo
se presenta ante ti con honestidad
maravilloso o despiadado
el mundo se presenta tal como es.
Y podemos gastar los días
en metaforizar la vida
a nuestra conveniencia
pero el mundo seguirá siendo
tal como es.
Llegar al aware (fragmento), Violeta Olarte Rebellón.