Las notas me suben y me bajan, se esconden en el silencio y estallan de forma armoniosa una y otra vez. No se quedan quietas, van una tras de la otra en secuencia, hay pequeños intervalos en donde me alcanzo a preguntar ¿Donde está representado el gran silencio, el de la muerte? Y las notas se siguen agolpando en el pentagrama de forma ordenada, con justas e injustas, bailando a medida del compás impuesto por el creador. Tengo el espíritu hambriento de sonidos, las reclamo dentro de mi mundo esquizofrenico, las notas se agolpan en mi cerebro, calmándolo. Aparece el demonio y su tritono, me sonríe a carcajadas antes de tomar mi cuerpo como instrumento del gran silencio.
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Musica (I): Notas
Música (I): Notas
Las notas se agolpan en mi cabeza, me acosan, me postran, me someten. Vuelvo una vez más a ser su esclavo, sintiendo como el desespero llega a mi garganta y sale en forma de voz. Las notas se me forman a mi alrededor como liquido amniótico y me hacen sentir seguro dentro de un vientre tonal. Las notas me susurran como debo llevarlas a pasear a través de tritonos inestables y hacen sentir útil mis manos una vez más. Las notas me golpean sádicamente en el fondo de mi corazón y me trastornan la cabeza ahogando mi ser en incomprensibles y apetitosas secuencias repetitivas. Bach, Mozart y demás artistas juegan en mi cabeza atolondrada y me tuercen la poca cordura, hasta que por fin, después de tanto pensarlo mi voz, ronca, cansada, algo seca y muerta dice con alegría fúnebre... “Do, Re Mi, Fa, Sol, La, Si, Do”.
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