Exilio

Exilio

El gran exilio esta en nuestra sangre, se plasma en las letras de nuestro inconsciente. El exilio se volca sobre nuestras cuerdas vocales en una dulce nana llena de sátira emotiva dedicada al dios Pan. El exilio se esconde entre los que bailamos rock and roll en nuestra soledad impasible. Exilio colmando de sentimientos fracasados a los seres “mejores”, haciéndonos detestar a nuestro prójimo, rompiendo el apego que tenemos a la estupidez del vulgo. Un exilio entre costillas me llama, ese mismo que me hace sentir un ápice de este magno universo. Soportamos como valientes el despojarnos de nuestra alegría para escribirle al mundo sobre sus desventuras. Nos condenamos al exilio para abrazar la soledad amada.

Kali

Kali

En medio de la desesperación por suceder que pasaba en mi interior, busqué a Kali con la intención de estallar mi ira y destruir mi propio universo tal como lo había hecho en épocas anteriores. Sin embargo, la sorpresa ocurrió al dejarme rodear de ella.

Kali se mostró ante mí de manera compasiva, paciente y maternal. Sus mantras tienen varios matices que evocan las viejas canciones entonadas antes de la guerra cuando la milicia se preparaba y se enfriaba para la muerte; los pensamientos se diluían junto con el silencio de la oscuridad y la mirada de ellos se entregaba al pensamiento del instante, no hay futuro, no hay pasado, solo el presente con su inmediatez. Una mujer se colocaba al frente de cada uno y los abrazaba, entregándoles amor maternal y confianza.

Kali me mostró que el fuego no es solo destrucción y el agua no es solo frialdad. Aunque todavía hace falta mucho para lograr una tregua contra mi cabeza, deje de pensar en controlar todo lo que sucedía en mi vida, solamente tener un presente, algo que jamás había pensado. Entendí a la mujer y después de esto… pude conciliar algo de sueño.

Del Escritor (III)

Del Escritor (III)

Mi Yo como escritor maquina contra mi Yo narrador para hacer de la burla un suicidio artístico. Mi Yo artista y mi Yo orador se sonrojan cuando escuchan a mi Yo sádico y mi Yo masoquista interactuar. Mi Yo cínico aprovecha el descuido de mi Yo guardián para escribir estas palabras de pluricotomía, haciendo lo posible para que mi Yo sincero aprenda de mi Yo cruel y memorice las palabras que mi Yo enamorado dijo un día de angustia: ¡NO MÁS!.